El reconocido artista mexicano Carlos Amorales se adentra en la exploración del espacio y la interacción pública con su nueva instalación Pabellón FYJA, que se presentará del 3 al 6 de abril en el Parque Lincoln de Polanco, como parte del Festival de Flores y Jardines 2025. La obra, que invita al público a atravesar un laberinto de muros con 24 puertas, busca transformar el espacio público en una experiencia participativa que va más allá de la contemplación pasiva del arte.
Un laberinto simbólico
La instalación está diseñada para que el público se desplace libremente a través de un laberinto minimalista que pone en juego el concepto de tránsito y la posibilidad de comunicación. Amorales destaca que, más que una estructura arquitectónica, el Pabellón FYJA es un lenguaje abstracto que los visitantes deben interpretar por sí mismos: “No es que realmente pases de un cuarto a otro, o sí, pero no es claro de qué van esos cuartos. Es algo que está abierto a ser descifrado”. La experiencia, según el artista, se convierte en un proceso de exploración donde cada persona le otorga su propio sentido a la obra.
El arte como experiencia colectiva e inmersiva
El floripondio, una flor rodeada de mitos y con una reputación ambigua, es el centro simbólico de la instalación. Amorales explica que eligió esta planta por su estética campaniforme y su dualidad simbólica: “Tiene una belleza llamativa, pero también es tóxica, lo que genera una fascinación y, al mismo tiempo, una advertencia”. La flor es conocida en la cultura popular como “trompeta del diablo” o “trompeta del ángel”, lo que refuerza su carga simbólica de belleza y peligro. Además, la forma de trompeta de la flor evoca la música, una disciplina que ha jugado un papel clave en la obra del artista.
Para Amorales, el arte adquiere su verdadero significado cuando entra en contacto con el público. En su instalación, este contacto no es solo visual, sino también físico y sensorial. “Es como un libro, cuando alguien lo empieza a leer se vuelve algo mágico. Lo mismo ocurre con las obras de arte, tienen un sentido público, es esencial”, reflexiona. La interacción entre los espectadores, que deben negociar el espacio mientras se mueven a través de los pasajes del laberinto, crea una relación casi coreográfica entre las personas.
Un espacio para la democratización del arte
El artista expresa su interés en que su obra no se limite a un círculo cerrado dentro del mundo del arte, sino que llegue a una audiencia más amplia: “Quiero conectar con la gente en general, no solo con mis vecinos, sino con personas de todo tipo”. Pabellón FYJA se presenta como una instalación accesible que invita a todos a formar parte del proceso artístico, haciendo de la experiencia algo colectivo.
La inclusión de macetas artesanales y música en vivo
El pabellón incorpora elementos artesanales como las macetas del artesano oaxaqueño José García Antonio, un creador invidente cuya obra aporta una dimensión sensorial y conceptual a la instalación. Sus piezas, que representan rostros con los ojos cerrados, dialogan con la atmósfera surrealista que Amorales busca crear. Además, el sonido jugará un papel fundamental: músicos tocarán instrumentos de viento dentro del pabellón, creando una experiencia sonora envolvente que se adapta al movimiento del público. La música será parte esencial de la obra, especialmente al atardecer, cuando el espacio se llena de una atmósfera casi mágica.
El tiempo como protagonista en la instalación
La estructura del pabellón tiene una relación directa con el concepto del tiempo. Amorales diseñó la instalación de manera que, desde arriba, se asemeja a un reloj con seis patios que representan los pétalos de una flor. Con 24 puertas, la instalación evoca las 24 horas del día, invitando al espectador a reflexionar sobre el paso del tiempo mientras navega por el espacio.
Un laboratorio experimental de percepción y movimiento
El Pabellón FYJA no solo es una estructura física, sino un espacio de juego y experimentación. Amorales resalta que el verdadero interés radica en cómo el público utiliza el espacio, cómo lo recorre, lo interpreta y lo negocia. “Eso es lo que realmente me interesa: ver cómo la gente la usa, qué sucede con ella”, comenta el artista. Cada paso, cada movimiento de los visitantes contribuye a la creación del sentido de la obra, convirtiéndola en un laboratorio experimental de interacción humana y arte.
Carlos Amorales sigue explorando nuevas versiones del pabellón
Tras su participación en el Festival de Flores y Jardines, Amorales está considerando crear versiones más pequeñas de la instalación para otros espacios expositivos. “Este proceso me ha revelado nuevas formas de explorar el espacio y el arte, y quiero seguir desarrollando esa idea”, concluye el artista.
La instalación Pabellón FYJA es una invitación a repensar el arte y el espacio público, haciendo de la experiencia artística algo accesible, participativo y colectivo.